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Archivos en la Categoría: Desahogos

Debería odiarte, pero el caso es que me caes bien.

Y eso a pesar del tono de reproche con que sentenciabas que tengo los bronquios hechos unos zorros –cosa que yo ya sabía, por qué te crees que fui a verte-.

Y también a pesar de tu mirada de satisfacción sádica al anunciarme que no podía acercarme a un cigarrillo nunca más.

Y, sobre todo, a pesar de la detestable sonrisita con que ayer dijiste lo de Ánimo, es la mejor decisión que has tomado en tu vida, pasándome el brazo sobre el hombro en la más vomitiva muestra de paternalismo impostado que he visto en mucho tiempo. A punto estuve de clavarte en el estómago el codo que me quedaba a la altura. Que una ya tiene una edad.

¿Decisión? ¿Pero es que yo he decidido algo?

Pues, no sé por qué, a pesar de todo eso, el caso es que me caes bien. Debe ser la falta de nicotina, que me embota las neuronas. En mi vida he estado tan rara.

Ha empezado el desastre. Lo sabía. Ayer al mediodía me vi envuelta en una invitación a tomar un par de cervezas y unas tapas. No supe zafarme. Es tan estúpido decir que no puedo, que sin fumar no soy capaz de acercarme a una barra, que sin fumar no puedo mantener una conversación intrascendente, que sin fumar todo el mundo me parece de una pesadez y una falta de interés insoportable. Es tan estúpido que no tuve valor para decirlo. Y allí me quedé, odiándolos a todos por atreverse a darme la paliza con lo mal que estoy.

Acabé diciendo impertinencias y teniendo luego que disculparme por haberlas dicho, como si disculparse pudiese borrar el efecto o el daño.

Eso sí, no he fumado. Habría sido mejor fumar, pero no he fumado.

Sí, he perdido la paciencia de forma permanente. Yo, que era una persona de esas de las que todo el mundo dice que tiene muy buen carácter y que sabe escuchar. Ahora me sube la adrenalina al estómago sólo de pensar en aguantar el rollo a alguien cinco minutos.

Todo me raya. Todo y todos. Desde que no fumo, no he sido capaz de tomar un café o una cerveza con nadie. Primero, porque no puedo estar sentada mucho rato en el mismo sitio. Y segundo, porque me importa exactamente un bledo lo que los demás tengan que contarme. Sin un cigarrito en la mano, se me acabó la capacidad de escuchar.

Espero que se me pase. Al fin y al cabo, no llevo sin fumar ni una semana. ¿Volveré a ser la misma o me quedaré en mi versión borde para siempre?

Por cierto, he encontrado el blog de alguien normal, o sea, de alguien que no dice wapooo engaaa que tú puedeeees. Se llama extrujado y fuma. Ducados. Claro, así cualquiera es normal. Yo también lo era.

He estado mirando páginas y foros de exfumadores, por si podía encontrar algo de comprensión. Decepcionante. Parecen todos una banda de conversos a la nueva secta del aire puro. Igual de fanáticos e igual de cursis.

¿Por qué no reconocemos las cosas? Fumar es malo y hay que dejarlo. Pero eso no significa que no fumar sea el paraíso terrenal. No fumar es una mierda. Es como si me dicen que estar a dieta es satisfactorio y que la pizza o la tarta de chocolate son algo asqueroso e indeseable.

Parece ser que lo correcto es construirse un país de las maravillas en plan Alicia, diciendo cosas como “¡Qué bien que me he librado del humo!”, “¡Qué delicia de aire limpio!”, etcétera. La misma persona que ayer estaba feliz metiéndose entre pecho y espalda sus dos paquetitos diarios, esa misma persona que hoy está amargada, atiborrándose de pastillas o de chicles para poder aguantar, esa misma persona que cuando ya no puede más se dedica a hacer ejercicios de relajación de lo más patético, esa persona… dice sentirse estupendamente y se queja de que le molesta el humo. ¡Santo cielo!

Me gustaría ver a todos esos feligreses de la Iglesia del Aire Puro si mañana sacasen una marca de tabaco que, en lugar de ser perjudicial, fuese beneficiosa para los pulmones. Me gustaría ver a todos esos que les molesta el humo haciendo cola delante de los estancos.

Vale, no debemos fumar, no podemos fumar, hay que aguantarse. Pero de ahí a decir que uno está mejor ahora. Vamos, anda…

Reivindico el derecho a estar furiosa, cabreada y harta. Llevo cincuenta horas sin fumar y estoy que me subo por las paredes. No pienso decir que esto es maravilloso y que mis queridos pulmones se están llenando de bendito aire puro. No me da la gana.

“Hola, mundo” me parece tan pretencioso… Pero es lo que pone WordPress en el primer post y lo voy a dejar tal cual. La verdad es que no encuentro necesario saludar al mundo porque no creo que nadie lea este blog, con todas las cosas interesantes, curiosas o escandalosas que hay para leer por Internet. Además, no tengo humor para ponerle fotos, ni vídeos, ni nada.

En principio, pretendía escribir un diario en Word, para desahogarme y descargar la ira y la ansiedad que tengo dentro desde hace veintinueve horas (minuto arriba, minuto abajo, que tampoco me voy a poner ahora con exactitudes). Pues eso, que se me ocurrió hacer un diario en Word y pensé que sería incluso más fácil hacer un blog. Así podría escribir desde cualquier ordenador, si tenía necesidad de despotricar o echar lloradas.

¿Que por qué tengo que echar lloradas? Pues porque hasta hace veintinueve horas yo era una persona feliz. Sí, feliz, nada de bastante feliz, nada de razonablemente feliz, no, qué va. Feliz. Me casé con el mejor hombre del mundo, no necesito mucho dinero, tengo una familia estupenda y más amigos de los que merezco, estoy en una edad mediana y agradable, ni demasiado joven ni demasiado mayor, vivo en un lugar precioso que todo el mundo envidia…

Pero hace veintinueve horas, el médico me dijo que tenía asma o enfisema o algo así de grave. Me recetó un inhalador para toda la vida, unas pastillas para toda la vida y sentenció que no podía volver a acercarme a un cigarrillo ni de lejos. Ya veremos las pruebas, a ver lo grave del asunto, pero de fumar nada.

Así que hace como treinta horas, me estaba fumando el último cigarrillo de mi vida, sin saber que era el último. El último de miles de deliciosos Ducados.

Y por eso empiezo este blog. Porque estoy atacada de los nervios y el teclear parece que me relaja algo. Porque lo que me preocupa no es que pueda tener enfisema tan joven, qué va, eso sería lo sensato. Lo que de verdad me preocupa es que no puedo fumar. Soy así de inconsciente.

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