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Aguanté la nochevieja. Aguanté las muchas noches de insomnio que produce tener que despedir a un par de personas porque el negocio no da para más. Aguanté mirarlos a los ojos porque era mi deber. Aguanté –y sigo aguantando- una carga de trabajo que va a acabar con mi vida social y familiar. Y sigo sin fumar. Ni siquiera me siento orgullosa, la verdad. Pero no creo que un cigarro mejorase mucho las cosas. Quizá un cartón o dos… ;-)

Te leo, os leo, me he indignado con lo de Flickr y Lamarde, pensé en escribir algo en solidaridad, pero no tenía mucho que aportar a lo que ya estaba dicho. No podemos evitar que haya descerebrados en el mundo y que además anden dando la brasa por la red, pero Flickr debía tener a alguien que lo supervisase. Una cosa es ser demócrata y dejar que los usuarios opinen y otra cosa es que personas con la sensibilidad y el gusto de una ameba decidan lo que es adecuado o no.

¿Has visto? Es coger el teclado y empezar a despotricar. Estaba sin ganas de escribir, pero relaja, vaya si relaja.

Por cierto, tú que tienes experiencia, ¿esto del mono es para siempre? Llevo ya varios meses y debería empezar a pasar del humo, pero me cuesta igual que el primer día. Más, quizá. Lo que pasa es que me estoy acostumbrando a estar amargada. Me da casi miedo esta especie de entrenamiento que te lleva a considerar normal el agobio cotidiano. Es como si el músculo de apretar los dientes y tirar palante se me hubiese fortalecido. No sé si eso es bueno o malo, pero es lo que hay.

Gracias por interesarte.

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5 Comentarios

  1. Sí.

  2. Pero no deberías hacer mucho caso a alguien nunca he dejado de fumar “para siempre”.

  3. Bueno, será que a pesar de todo no tengo la sensación de que sea “para siempre”.

    No me gusta no fumar, no me gusta nada.

  4. Esa sensación no es para siempre aunque dura bastante. Yo estuve cabreado un año más o menos y luego tuve otros tres en los que no fui feliz pero por otros motivos distintos del tabaco. Lo de que no fumaba se me olvidó y espero que para siempre. Mea culpa.

  5. ¿Tua culpa, Enrique? Ya me gustaría a mí poder decir alguna vez que se me ha olvidado para siempre. Lo veo tan inalcanzable…

    En fin, nunca se sabe.


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