He podido con las torturantes cenas y las sobremesas alcohólicas más torturantes aún, si cabe*.
He aguantado las palizas inmisericordes de los parientes más plastas. Todos ellos me han asegurado que estoy más gordita pero que me queda bien. También me han explicado con todo lujo de detalles cómo han dejado de fumar o cómo han vuelto a fumar o cómo lo han vuelto a dejar. Los más virtuosos incluso me han explicado las tres cosas.
He ido de compras a buscar regalos que nadie necesita, junto con otros miles de personas que han decidido hacer el tonto de la misma manera, de forma que montemos grandes atascos y nos tropecemos unos con otros. Tengo moratones en los tobillos de los cochecitos de los niños cuyos padres se empeñan en meterlos en los centros comerciales ya desde pequeños, no vaya a ser que luego les salgan frikis o alternativos o inteligentes o algo.
He sido buena, amable, comprensiva, dulce, divertida, cariñosa… casi todo el tiempo.
Todo ello sin fumar.
Que tiene su mérito.
Queda la Nochevieja. Si consigo pasar la Nochevieja sin una calada, creo que el 2009 me será propicio. Claro que es una noche llena de peligros. Me harán daño los zapatos, se me hará una carrera en la media nada más salir de casa, se me pegará el más borracho para contarme su vida, tendré sueño cuando todavía sea temprano y se me quitará el sueño en el momento de acostarme, con lo que me dormiré al final en el sofá y me despertará la Marcha Radeski a toda pastilla, con los ojos como un oso panda porque, por supuesto, se me habrá pegoteado el rimmel. Y entonces no podré fumarme un cigarrito con medio litro de café.
En fin, valor y al toro. Y feliz año, qué demonios.
(*) Lamarde, tenías razón en lo del destilado, ahora me dedico al oporto y no va mal. He probado con el cava, pero es tan cabezón…
Un Comentario
Entonces… volviste a fumar en nochevieja? Prefería que destilaras tu mono por aquí…