Supongo que no es costumbre contestar a un comentario con una entrada nueva, pero es que el espacio para escribir comentarios es pequeño e incómodo. Además, como no me considero bloguera, como esto no pretendía ser un blog y como, en todo caso, el blog o el no-blog es mío, pues contesto a Zebra.
Hola maldita
Veo que sigues abstinente.
Ya habia intuido que eras dura, jajaj
Hola, Zebra. No soy dura, ni fuerte. Me asustaría mi propia fragilidad, si no estuviese acostumbrada. Lo que sí soy, lo que siempre he sido, es valiente, a veces hasta la insensatez. Eso me ha dado algunos disgustos y también las cosas más valiosas que tengo en la vida.
Aún sabiendo que puedes pensar que me estoy entrometiendo, ya han pasado un montón de días desde que dijiste yanofumar.
Hayas elegido el método que sea, para hacerlo, aquí sigues.
Me da igual que te entrometas o no. De hecho, me he molestado en contestar a casi todos los comentarios que la gente ha hecho, salvo cuando ya no podía responder otra cosa que una grosería. Creo que al principio del blog decía que esto eran desahogos, así que entenderás que lo último que necesitaba eran consejos y moralinas, que todo eso ya me lo sé.
Cada vez escribes más pausado y sin tanta carga emocional, aunque sigas jodida.
Pues de eso se trataba, ¿no?
De ir olvidando el vicio poco a poco.
Tienes razón en la observación, ha bajado la carga emocional, pero te equivocas al analizar las causas. No he olvidado el vicio ni un segundo, salvo cuando estoy durmiendo. Lo que pasa es que estoy cansada, luchar agota. Me muero por un poco de paz, por sentir como sentía antes, aunque fuera un ratito, por volver a vivir en lugar de soportar. Sé que es la adicción, que tiene que ver con la recompensa, con neurotransmisores y neurorreceptores, con dopaminas y endorfinas. Lo sé. Lo que no sé es si con el tiempo volverá todo a ser como antes o si me quedaré para siempre incapacitada para disfrutar de las cosas. Confío en lo primero.
Y siempre jode, aunque estés “convencida” que debes hacerlo.
En eso estamos de acuerdo. El convencimiento es racional y eso es fácil, si uno no es tonto. El problema es el día a día, es vivir.
Me gusta seguirte porque eres mi espejo.
Todos lo somos.
Y en cierto modo cuando andas despotricando también me libera a mi.
¿Todos somos tu espejo? ¿Todos somos espejo de todos? Eso es verdad y mentira a la vez, como todas las frases lapidarias. De todos modos, gracias por seguirme. No escribo para que me lean y no pensaba que a nadie pudiesen interesar mis neuras, pero tengo que reconocer que me reconforta que haya alguien al otro lado.
2 Comentarios
Joé, no me puedo creer que pases todo el dia pensando en el tabaco.
Normalmente, esos momentos se van alargando en el tiempo, hasta quedar en puntuales y bastante más llevaderos.
Eso debe ser duro.
Sobre lo de las frases lapidarias, a mí tampoco me gustan demasiado, pero es que hace un tiempo que me dí cuenta que no hay nada nuevo bajo el sol. Me guste o no.
Todo lo que yo estoy pasando (o muy parecido) al dejar de fumar, está ya estudiado, pautado y requeteescrito por todos sitios (hay que joderse)
Yo busqué información por internet y a mí me ayudaron bastante los foros del tema, al no saberme sola en esto. Al ver que todos pasamos por síntomas y enfados parecidos. Y al saber que es un cambio de vida total, que inexplicablemente, el resto del mundo (el no fumador e incluso el fumador que no lo ha pasado), no entiende.
¡Con el tambaleo de cimientos que a mí me supone! ¡Y ellos no lo ven!
Con algunos de estos foros, blogs, etc,…estoy más de acuerdo que con otros, pero me quedo con lo que me ayuda a avanzar en mi lucha, que es sólo mía.
Lo de que quedes incapacitada para disfrutar ……..bufff, eso es jodido y hay que trabajarlo…
Yo estoy intentando enfocar el disfrute de las cosas de otra manera.
Y cuando no lo consigo y siento un gran vacío, pienso que es triste.
Es triste que la falta de una sustancia me haga tener estas comeduras de cabeza y no dejarme sentir mi acostumbrada paz.
Y también espero que llegue el día que la consiga.
Y siga cuerda.
Eso es, esperar que llegue el día. Porque lo cierto es que no ha llegado. Lo que me molesta en el fondo es ese rollo de ¡qué bien que ya no fumo, qué feliz soy!
A ver si consigo explicarlo: imagina a alguien que se queda, por ejemplo, ciego. Se esfuerza en superar su discapacidad y consigue hacer una vida más que normal e incluso llega a enriquecerse como persona con logros que no podría ni soñar cuando era vidente. Le admiramos porque ha sabido encontrar una oportunidad donde otros verían solamente una desventaja, sus méritos nos sobrecogen. Le damos ánimos. Pero lo que jamás se nos ocurriría es gritar ¡viva la invidencia!
Ya sé que no es una comparación muy afortunada y que mi madre, si leyese esto, diría algo así como “el Señor te va a castigar”. Pero no se me ocurre nada mejor para explicar lo que me hacen sentir las simplezas buenrollistas. Que sí, que sigo sin fumar. Y también sigo sin fingir que me gusta.